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<<Por espiar a mis primos termine follado>>

Tengo 27 años, vivo en las cercanías de Madrid, y les voy a contar lo que me ocurrió cuando tenía 14 años. Dicho episodio fue mi inicio en la homosexualidad y marcó mi vida para siempre.


Siempre fui muy delicado, y desde chico se notaba mi predilección por jugar con mi hermana mayor, en lugar de salir a jugar con los niños del barrio.


Mi padre me tenía entre ojos ya que no le agradaba que no me atrajeran los deportes, como a mis hermanos. Como era el único que casi siempre estaba en casa, generalmente hacía todos los mandados. Así un día mi papá me mandó a la casa de mi tío a llevarle unos papeles que el necesitaba para presentar en la municipalidad.


Para ese entonces, mi tío Carlos - que por entonces tendría alrededor de 39 años- vivía con sus dos hijos, Horacio de 17 años y Lucio de 19, ya que su esposa lo había dejado por un señor mucho mayor, ya que se habían casado muy jóvenes y, al parecer, ella le reprochaba que el bebía demasiado y no había madurado lo suficiente. Según mi papá, vivía jugando al fútbol y practicando natación, haciendo alguna changa de vez en cuando y de mala gana.

Tal vez por ese mal ejemplo, sus hijos ninguno de los dos había finalizado el colegio secundario y sólo hacían trabajos esporádicos para una empresa de mudanza.

El caso es que cuando llegué a su casa, me encontré con la puerta abierta (costumbre de pueblo). El silencio reinaba en la cocina y la sala contigua a la habitación de mi tío, que también estaba vacía. Crucé la sala y por el pasillo a oscuras me dirigí a la habitación de mis primos, porque de allí provenía la música; los gemidos de una mujer y los reflejos de la pantalla de la televisión en las paredes y el techo.


Quería sorprender a mis primos, así que sigilosamente me acerqué a la puerta y al asomarme vi algo que me produjo una sensación hasta entonces extraña (excitación). Mis primos estaban tirados en sus respectivas camas, totalmente desnudos, mirando la tele y frotando frenéticamente sus penes, que para mí eran enormes dado la diferencia de edad y mi incipiente pubertad.


Creo que por la emoción y las palpitaciones de mi corazón, toqué el marco de la puerta y esta se abrió un poco, provocando el chirrido característico de las bisagras sin aceitar.


Ambos me vieron, y su primer reacción al verse sorprendidos fue intentar taparse sus miembros sentándose ágilmente en sus camas. Pero al instante cambiaron de actitud de vergüenza y comenzaron a insultarme por mi intromisión.

Descubierto y desorientado, atiné a volverme sobre mis pasos, pero con el miedo que me había invadido daba trancos cortos e interminables....

Antes de poder traspasar todo el pasillo interno, una mano fuerte me sujetó el antebrazo y me hizo girar en dirección opuesta. Así quedé ante Lucio, cuyo miembro ahora apuntaba hacia abajo pero seguía siendo enorme.


Con los ojos llenos de ira me dijo: Pendejo de mierda!! ahora vas a tener un justo castigo!.. y de un tirón me arrastró de nuevo hasta la habitación.


Horacio no estaba, se había refugiado en el baño.


Pronto me encontré sentado en la cama de Lucio, que estaba de pié frente a mí acariciándose el pene. Mirándome provocativamente me dijo: ahora por fisgar vas a tener que chuparme bien la polla!! y con su mano derecha empujó mi cara cabeza en dirección a su pene.


Recuerdo que llorando le pedí que me perdonara y le dije que no quería chuparle la polla. A lo que me contesto: - Mira cabrón como lo hace esa tía en la tele, vamos mira!!..y no llores más putito.


En la tele una mujer de rasgos orientales tomaba con sus dos manos una polla tan grande como la de Lucio y se le introducía gustosamente en la boca, pasando de vez en cuando su lengua por el glande hinchado y rojo.


Poco tiempo duró el aprendizaje. Mi primo me tomó de los cabellos y puso mi rostro en dirección a su polla, que ya estaba nuevamente erecta.


Con mucha vergüenza posé mis labios en el glande de la formidable polla de mi primo y luego - ante la presión- abrí la boca y la dejé entrar sin resistencia

Me gusto, y empecé a hacerlo con mayor concentración, al tiempo que mi primo comenzó a gemir de placer... -Vamos!! así...así...putito...


En ese momento no advertí, que mi primo Horacio había salido del baño tapado con una toalla de ducha, y al verme chupando la polla de su hermano había dejado que la toalla se deslizara hasta el piso, quedando con su hermoso falo al descubierto.


Le imploró a Lucio que le dejara el lugar... y este luego de unos 10 minutos, accedió.


La polla de Horacio no era tan larga, pero era mucho mas gorda, al punto que no pude comérmela toda, y su insistencia por meterla toda en mi boca me producía asfixia.


Mientras le mamaba la pija a horacio, Lucio desapareció unos minutos y luego regresó con un pote de crema en una mano..: ahora viene lo mejor!! dijo y violentamente en sacó los pantalones y el slip.


Ahora cambiaron las posiciones. Horacio se tiró en la cama transversalmente con las pierna abiertas y apoyando sus pies en el suelo. Yo estaba arrodillado entre sus piernas sin bellos, succionando su pene y tomando sus huevos con mis manos. Lucio, se arrodilló detrás y luego de untarse la polla con crema y ponerme un poco en la cola, colocó su cabeza en mi ano y comenzó a presionar despacio y con cuidado.


Mi ano apretado, comenzó a ceder lentamente ante cada avance y retroceso de la polla de Lucio. El calor de su glande embadurnado de crema facial, me gustaba cada ves más, hasta que luego de unos minutos de lucha, la cabeza entró en mi culo e hizo que el dolor me estremeciera hasta la fibra más intima. Instintivamente quise liberarme...., pero no pude. Lucio me había tomado firmemente con sus manos a la altura de la cadera, y sus movimiento comenzaron a ser más rápidos y profundos, muy profundos...


Ya no sentía dolor, todo era placer. Mi recto estaba lleno de una carne tibia que acariciaba toda su circunferencia, con movimientos rítmicos y potentes. En mi boca la polla venosa de Horacio entraba y salía a su gusto, provocándole gemidos que ahogaba con su brazo.


Así estuvimos no sé cuanto tiempo. Los gemidos que provenían de la tele; los sonidos que en mi boca y cola producían las pollas y bolas de mis primos; nuestros gemidos y las palabras cortadas que murmurábamos se mezclaban en una hermosa sinfonía sexual.


En algún momento la locura llegó a su clímax y sentí los latidos de las pollas de Horacio y Lucio que comenzaban a descargar su semen caliente dentro de mí. Sus gestos y gritos de placer me hicieron sentir feliz y noté que la cabeza de mi polla estaba también mojada por un líquido blancuzco.


Al terminar, Lucio se tiró sobre su cama y bufó varias veces por el cansancio y el placer, Horacio quedó en la misma posición con los ojos cerrados y sus brazos tapándole la cara, pensando quien sabe qué y yo quede tendido en el piso, entre ambas camas, aceptando feliz mi destino.


Otro día les contaré lo que me pasó con mi tío, por "culpa" de mis primos.


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