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Mi maestra de flauta

Autora: Andre

15 min. Mi maestra de Flauta

Era muy joven, muy picara, también muy enamoradiza, así me defino. Desde hace dos años me había sentido muy atraída por una maestra de flauta que vivía en la colonia, mujer hermosa y escultural, a pesar de su ya avanzada edad. Si bien tenía unas enormes ganas de hacerlo con ella, también sentía algo muy grande por esa mujer, quizá por ser yo una joven confundida me perdí locamente en su madurez.

Desde niña me habían gustado las mujeres, mis compañeritas de clase, amigas y hasta primas rondaban por mi sexosa mente. Pero también me agradaban las mujeres maduras, sin embargo, nunca se había dado la oportunidad de hacerlo con una, hasta que supe de Elena, una maestra de flauta.

Se decían muchas cosas de Elena entre las jóvenes de mi edad, pero un rumor en especial capturo mi atención. Contaban que tenía relaciones sexuales con sus alumnas e incluso en una ocasión quiso escaparse con una, pero los padres al enterarse frustraron sus planes.

Sólo eran rumores de barrio, que nunca se comprobaron.

Un día, fui por mi mamá a la tienda luego de haberse ausentado un rato, cuál fue mi sorpresa al encontrarla platicando con Elena sobre impartirme clases de música durante el verano.

-Ah mira, ella es mi hija –le dijo mi mamá al hacerme presente.

Elena me saludo con sus suaves manos y se presentó conmigo, al sentir su suave tacto, recordé al instante todos aquellos rumores sobre sus alumnas y constate de inmediato, el fuerte carácter que tenía, así como la educación y el hablar tan refinado, nada que ver conmigo y mi mamá, una mujer de pueblo e ignorante, en cambio Elena era alguien fuerte que le gustaba imponer su opinión sobre los demás, porque note que Elena hacia cambiar a mi mamá de parecer con una gran facilidad y de hecho, me habían contado, era una de sus grandes habilidades, el convencer a los demás de acatar sus opiniones. Por ello se rumoraba que hacia lo que le viniera en gana con sus alumnas una vez que ya las convencía de entregárseles.

Debo decir, que lejos de intimidarme, aquello me excito.

-Te espero mañana entonces - me dijo Elena después de pactar mis clases en su casa por las tardes y mi mamá, sonriente, le respondió que estaría ahí sin falta, ignorando, como prácticamente le entregaba a su hija a una loba en bandeja de plata.

Entonces, al siguiente día fui con un miedo que me provocaba temblor en las piernas, tanto, que hasta pensé en regresarme a mi casa, pero vaya sorpresa me lleve, al ver a Elena platicando a las afueras de su casa con una vecina y hablarme para que fuera con ella.

Me acerque y la salude, de inmediato note en su saludo una cierta picardía por el tacto de ella, pues al retirar su mano me sobo la mía con una sutileza excitante.

-Pasa a mí casa.

La seguí a su hogar y entramos en este.

Me llevo a la habitación de su casa que utilizaba como salón de clases, la decoración de esta, al igual que el resto de la casa, demostraba que Elena era una mujer de clase alta venida a menos desde el divorcio de su marido y, a pesar de haber acabado muy mal con él, el tipo resulto ser alguien noble y no la dejo en el desamparo. Le había regalado una casa grande y muy bonita, donde ella podía vivir a sus anchas y dedicarse a lo suyo: la música.

La clase comenzó casi de inmediato y note que siempre buscaba un pretexto para acercarse a mí lo más que se pudiera, por extraño que parezca, su acoso lejos de asustarme me provocaba un miedo que me gustaba, quizá muy en el fondo quería que hiciera conmigo lo mismo que narraban los rumores.

Dio una breve introducción sobre la flauta y después toco una melodía, luego me pidió que la imitara con la mía pero no pude, dijo que quizá la flauta estuviera mal, así que se la entregue y sin revisarla la llevo a su boca, de esta manera probo la saliva que deje en la boquilla e hizo un ligero gesto como si la saboreara.

-Parece que está bien –menciono.

La clase acabo aquel día sin nada más de trascendencia, salvo que al final, me acompaño a la salida con su mano puesta en la cintura, muy cerca de mis nalgas.

Me fui a dormir la noche de ese día y me masturbe sin cesar antes de conciliar el sueño.

Paso el tiempo y su comportamiento indicaba que me deseaba, sentimiento que yo también compartía pero también creía que algo la detenía y no pasaba de simples juegos cariñosos. Si bien nuestra relación se había vuelto un poco más profunda que la de una alumna-maestra, nunca se había dado algo más, no hasta un día de intenso calor en el que yo di el paso, casi sin querer.

Así que después de la primera canción que toque ese dichoso día, tomo su flauta y dijo que prestara atención a la melodía, entonces dije:

-Maestra, que bonitas manos tiene.

Elena se detuvo un poco y con una sonrisa me lo agradeció.

-¿Las puedo tocar?

-¿Cómo?

-¿Qué si puedo tocarle las manos?

-¿Para qué?

-Nomas.

-No hija, no, concéntrate en la clase.

-Ah ok.

Toco la melodía y se notó a leguas, una cierta actitud picara de su parte, y es que yo estaba decidida a confesarle que además de gustarme, la admiraba. Toque la canción y me dijo que lo hacía muy bien, entonces sonó el teléfono en la habitación continua y dijo volver en unos minutos.

Me acerque a la habitación y con la puerta entre abierta alcance a mirarla sentada en la cama, platicando con alguien de confianza. Viéndola así comencé a caer en mis delirios y me imagine levantándole aquel vestido hermoso, igual que la dueña, recorrer sus bien torneadas piernas con mi lengua y llegar hasta su entrepierna. Saborearle los juguitos, exquisitos, estoy segura, de esa mujer casi veinte años mayor que yo, meter mi lengua en su rajita y sacarla sin despegarla de su cuerpo para hacer un recorrido atravesando el abdomen y llegar al pezón, darle una chupete y luego un mordisco, avanzar por su cuello con mi lengua hasta llegar a su boca y, aprovechando que está abierta por sus gemidos, meter mi lengua en ella y hundirnos en un tremendo beso.

Pero volviendo a la realidad, el único placer era el que yo podía provocarme por no tenerla, y mientras la veía no dejaba de tocarme mi vagina, que ya húmeda, deseaba sentir algo en ella.

De reojo me miro mientras hablaba, de inmediato aleje mi mano de la vagina, no obstante ella me había visto, así que no podía seguir ocultándolo y decidí entrar a la habitación, demostrando en sus ojos ser consiente de mi juego, algo que quizá le agradaba y esperaba.

Mientras charlaba, me pose a sus espaldas y deposite mis manos en sus hombros, acerque mis labios a su oído descubierto y le dije con voz suavecita:

-La quiero mucho profe.

Volteo su mirada conmigo, lucia espantada, se puso de pie y avanzo al tocador dándome la espalda. Yo me había quedado decepcionada, pues la mujer a la que tanto quería y deseaba me rechazo, pero no cedi en mis intentos y me le acerque para abrazarla por la espalda. Ella suspiro pero no corto la llamada, le comencé a dar unos besitos en el cuello y volvió a suspirar, baje mis manos a su cintura y la acaricie con suavidad, entonces me baje un poco y toque sus rodillas, me fui subiendo lentamente hasta tocar con mi dedito su rajita por encima de la tela, de esta ya sentía el calor que emanaba.

-Ahhhhhh… -dijo mi profesora.

Yo creí que me rechazaría, pero no se movió ni un centímetro y dejo mi dedo palpando su vagina, mismo que comencé a mover con suavidad, dándole pequeños movimiento circulares, estos fueron una delicia para mi maestra.

Dijo adiós con quien hablaba y colgó el teléfono, nos quedamos calladas unos segundos, yo pensé que me echaría de la casa, diciéndome puta, lesbiana, rara o depravada, pero mi queridísima maestra hizo lo jamás pensado, puso las palmas de sus manos sobre el tocador, paro su trasero y abrió tantito las piernas, despejando el camino a su entrepierna hirviente. Lo anterior fue la señal de que se me había entregado y sólo restaba mi parte.

Pase mi mano hacia el frente y levante la falda de su vestido, metí mi mano en su calzón y sentí la ternura de sus labios vaginales ya extasiados y chorreados con sus líquidos. Me repege a ella y mi mano derecha paso por su pecho y se introdujo en su vestido, hice a un lado el sostén y acaricio con suavidad su redondo y firme seno.

-Ayyyyyy –dijo.

Empezó un va y viene de emociones, al introducir mi dedo índice en sus panocha y masajearla la teta con dulzura, además le daba de besitos en el cuello como cereza en el pastel.

-¿Le gusta maestra? –pregunte en un descanso que me di de besarla.

-Si hija, si me gusta, me encanta.

-A mí también.

Retire mi dedo de su vagina y brilloso con sus jugos lo lleve a su boca para que degustara el líquido que yo, con mi picardía le generaba. Cuando lo saque se escuchó un chupete que me excito como loca.

La masturbe de nuevo y seguimos así varios minutos, con mi dedo en su raja, mi otra mano en su teta y mi lengua lamiéndole el cuello. Así que se escucharon pequeños golpecitos contra el suelo y al mirar hacia este vi las gotas de líquido que caían desde la vagina o bien, escurrían por las piernas de mi maestra.

Se dio un giro repentino y me tomo de las manos, me dio la vuelta y me tomo como si fuera una delincuente y ella una policía.

-Maestra –le dije con miedo y ella, para callarme metió su pulgar en mi boca.

-Cállate, no digas ni una sola palabra, ¿me oíste? –dijo apretándome mis manos con una suya, mostrándome así un poco de violencia que provoco se me mojara la entrepierna.

Intente zafarme pero fue imposible, su fuerza era más y eso me gustaba.

-Ahora, si quieres te puedes ir, sólo desafanate de mí pero si te quieres quedar dame una señal.

...
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