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Camioneros

Estábamos desayunando mi marido y yo, habían pasado cuatro días desde el encuentro con el señor Jones, mi marido iba a viajar para encontrarse con el señor Jones, con su nuevo cargo de socio minoritario y durante tres días no estaría en la ciudad, lo peor de todo es que se llevaba a Robert, pues necesitaba de sus servicios.


-¿Tú que harás querida?.

-Hoy tengo que viajar 60 kilómetros, voy a entregar el cheque para la donación al hospital de ancianos.

-Olvídate de Robert, se viene conmigo.

-Si lo se, iré en mi automóvil o tomaré un bus que me lleve, aún no se que hacer.

-¡Por favor querida, no digas ridiculeces!!!, ¿cómo se te ocurre ir en autobús?, irás en tu auto, como corresponde a la esposa de un ejecutivo de mi categoría.

-Es verdad, lo ideal sería llegar con Robert.

-No, se viene conmigo, lo necesito para trasladarme, y no se discute más sobre eso.

-Está bien, cariño, iré en mi automóvil.

-Por eso te amo tanto, eres tan comprensiva, tan buena esposa, me siento cada día más feliz de estar compartiendo mi vida contigo. No tengo quejas de ti. Te amo.


Y era verdad, salvo mis infidelidades, yo era la esposa ideal, muy buena anfitriona, sabía vestirme para cada ocasión, siempre estaba en los mínimos detalles de la casa y la vida social, soy muy puta, lo reconozco, me gusta el sexo, lo disfruto, me gusta estar con dos o más en una cama, siempre lo hago con hombres de a uno o varios a la vez, pero solamente hombres, me gusta que entre ellos me compartan, que me gocen, que me cojan de todas las formas posibles, me da mucho morbo que entre todos me cojan a más no poder, hasta quedar exhausta, pero bueno, nadie es perfecto, no siento ningún remordimiento por ser tan infiel, él no lo sabe, y por lo tanto no hago mal a nadie.


Estos eran mis pensamientos mientras a toda velocidad iba por la autopista, tenía un plan, y era terminar el día con un par de camioneros, después de ese sueño en el avión, era lo que más quería, y tenía tres días de libertad y moría por cumplir con mi fantasía, veía pasar a mi lado a los camioneros y se me hacía agua la boca, primero cumpliría con mis obligaciones sociales, después dejaría de ser la dama de beneficencia para transformarme en lo que más me gusta, en la putona calentona que llevo dentro.


Fui al hospital de ancianos, estuve en la reunión con el director y los empleados, en un acto solemne, hice entrega del cheque con el cuál debían satisfacer las necesidades de esos viejitos, hicieron un brindis en mi honor, besé a varios ancianitos en sus sillones de rueda, escuché sus pedidos, me comprometí en ayudarlos, posé para la foto del diario local, pedí que me alcanzaran un ejemplar para que mi esposo viera en fotos lo que su mujercita hacía en nombre de la empresa y cómo lo ayudaba a él en las cuestiones sociales.


Al atardecer después de varias reuniones con la cooperadora del hospital, me despedí quedando en volver para seguir con la ayuda al hospital.


Tomé la autopista, anduve un par de kilómetros, desvié mi camino por una ruta lateral, y avancé hacia un bar sobre la ruta, dónde paraban los camioneros a descansar, o pernoctar durante la noche, cargar gasolina, jugar a las cartas, o billar. Estacioné mi auto no muy lejos del bar, saqué mi maleta y me fui al baño, para dejar a la dama y ser lo que en realidad más me gustaba, una reverenda puta.

En el baño abrí mi maleta y cambié mi traje de pollera y chaqueta por una minifalda ajustada, un top blanco, dónde resaltaban mis pezones duritos, me puse una peluca de cabellos rubios, largos más debajo de mis hombros, sandalias agujas, anteojos oscuros, al verme en el espejo ni yo me reconocía.


Entré al bar caminando insinuantemente, no hubo un solo hombre que no se diera vuelta para verme, algunos al pasar me silvaron.

-Mami, qué buena estás!!!.

-Guauuuu!!!!, me llevas contigo?.

-Nena, ven para aquí que con mi pija te haré llegar al cielo.

-Cuánto cobras por una buena chupada de pija?. Jajajaja.

Y cosas por el estilo. Risas y burlas entre ellos, el bar estaba bastante oscuro y lleno de humo de cigarrillos.


Fui a la barra, pedí una cerveza, me senté y dejé todas mis piernas al aire, saqué un cigarrillo un camionero se acercó, me ofreció fuego y me dijo:

-¿Sabes jugar pool?.

Mientras prendía mi cigarrillo, alcé los ojos, lo miré juguetona, insinuante…

-¿Me acompañas?, necesito a alguien para que sea mi pareja.

-Con mucho gusto.


Me tomó del brazo y fuimos a un costado del bar, dónde había mesas de pool, llegamos al lugar y me presentó sus dos compañeros de juego.

-La dama será mi compañera.

-Ok, dijeron los otros dos.


Comenzamos a jugar, cada vez que me agachaba para jugar dejaba ver mi trasero, casi al decubierto por el hilito que apenas lo cubría, los que estaban de frente podían apreciar parte de mis tetas.

Mi compañero de juego, estaba muy cachondo, cada vez que podía me tocaba o rozaba, sus compañeros también, yo los dejaba, quería que los tres me cogieran, ya lo había decidido, apenas llegué para jugar.


Luego del juego, los tres me invitaron a un reservado a seguir bebiendo cerveza.

-Vamos a presentarnos, Yo soy Miguel, y mis compañeros Federico y Javier.

-Un gusto chicos de conocerlos.

-¿Cuál es tu nombre?.

-Brigitte, un placer. (Jajajaja, cómo se me ocurrió ese nombre?).


Miguel me acurrucó contra la pared y comenzó a acariciarme los hombros desnudos, me acerqué a su boca y lo besé con ímpetu, mientras lo besaba extendí mi mano y acaricié el cabello de Federico, tomó mi mano y empezó a besarla, me pasaba la lengua por mis dedos, besaba mi palma, mi otra mano se la entregué a Javier, que correspondió lamiendo poco a poco mi brazo desnudo. Miguel bajó su lengua por mis hombros, olía a cerveza, a sudor, eso me excitaba mucho.


-Federico dijo:

-Vamos a mi camión, ahí estaremos más cómodos, claro, si la señora acepta.

Sin dudarlo un segundo acepté.


Miguel abrió la puerta del camión y me dio paso, al subir, los tres me tocaron el trasero, y lo acariciaron, los cuatro subimos al camión y nos fuimos sin rumbo, mientras Miguel conducía con su mano acariciaba mis piernas, Federico se adelantó un poco y me tocaba los pechos, Javier pasaba su lengua por mi espalda.


Los tres eran hombres muy corpulentos, con manos grandes y callosas, ninguno de ellos superaba los 35 años, eran rudos, altos y fornidos.


Javier y Federico se agacharon en el piso del camión para poder entrar al motel, mientras Miguel maniobraba el camión para poder estacionarlo, Javier y Federico lamían mis piernas, estaba empezando a tener deseos incontrolables, cerraba los ojos y disfrutaba de esas dos lenguas en mis piernas, uno de ellos, extendió su mano hacia mi vagina y corría mi tanga hacia un costado, abrí mis piernas para facilitarle el paso, y su dedo tosco entró, se encontró con una humedad que le ayudaba el entrar y salir de su dedo.

-Nena, apenas bajemos te pasaré mi lengua y no pararé de chuparte, eres bien puta.


Una vez dentro de la habitación entre los tres me llenaron de besos mientras poco a poco sacaban mis prendas, ellos me desvestían a mi, y yo a ellos, cuando quedé totalmente desnuda, los tres silbaron, quedaron encandilados con mis curvas, y mi sexo al aire.

Me tumbe boca arriba en la cama, quería que me miraran, me sentía muy puta y me portaba como tal, abrí mis piernas lo más que pude, con mis dedos abrí los labios de mi vagina y se las ofrecía para que degustaran este manjar apetitoso.


-¡Qué puta eres!!, siempre perdí la cordura con este tipo de mujeres, dijo Miguel que se agachó y fue directo a mi nidito, y comenzó a lamer desaforadamente, Federico se fue por detrás y me besaba la boca, me metiá su lengua, nuestras lenguas se rozaban, su lengua fue hacia mis pechos, Javier estaba duro como una piedra y me puso su pene en la boca para que se lo chupara, y eso hice escandalosamente, me contorsionaba, tenía una lengua jugosa en mi clítoris, una boca en mis senos y una pija en mi boca, mi orgasmo fue inminente, largo, con gemidos y suspiros de tanto placer.


Miguel quería penetrarme, se sentó en el borde de la cama y me pidió que lo montara, tomé su pene y me lo metí en la boca, lo chupé con ansias, le pasé mi lengua de punta a punta, estaba muy duro, me senté sobre su pene y empecé a cabalgar suavemente, Javier vino por atrás, comenzó a jugar con mi ano, pasaba su lengua, metía sus dedos, poco a poco lo iba dilatando.


-Javier, quiero que me penetres por atrás, quiero sentir los dos falos juntos, uno adelante, otro atrás, y tú Federico, ven cariño, dame tu pija en mi boca, te quiero comer toda tu pija, ¿si, amorcito?.


Parecía una escena de una película pornográfica, pero para mi suerte era real, Federico derramó todo su semen en mi boca, lo tragué lentamente, saboreándolo, ya llegaba mi nuevo orgasmo, mis movimientos eran cada vez más licenciosos, hasta que por fin todos juntos terminamos, mis orgasmos eran cada vez más placenteros.


-Eres una terrible puta, te cogeremos sin parar toda la noche, ¿quieres verga?, pues verga tendrás, putona…, perra…zorra…


Y así fue, toda la noche tuvimos sexo, Federico después de un rato quería penetrarme, y lo hizo por atrás y por delante, hicimos un glorioso 69, nos pusimos de costado, mi trasero quedó a la vista de Miguel que aprovechó para estimularlo con su lengua y sus dedos, hasta que me penetró, mis orgasmos eran continuos, el placer que sentía era inmenso, cada minuto que pasaba me volvía más puta, lo único que quería era que esos machos no pararan de hacerme gozar, y eso hicieron uno a uno o todos a la vez.


Después de unas horas de placer, les dije que ya debía irme y continuar viajando.


-Antes de irte, debemos hacerte la despedida, una despedida que no olvidarás por el resto de tu vida.


Y los tres vinieron nuevamente a deleitarme con sus lenguas y sus penes.


En el camino de vuelta a casa, paré en un descampado y me puse mi traje de señora, guardé muy bien la peluca, me sentía satisfecha con mi aventura y con el sexo.


Llegué a mi casa, me duché, me dolían todos los miembros de mi cuerpo, llamé a la mucama y ...
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