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Viejo

La vida comenzaba a hacerse insoportable en casa, mi marido, 6 años mayor que yo había sufrido siempre de eyaculación precoz, eso había deteriorado nuestra relación muchos años antes, pero fue hasta hace un año que decidimos separarnos, jamás le fui infiel, ni supe que el lo fuera, pero la convivencia era simplemente un martirio y la intimidad una rutina enfermiza.

Los 10 meses que estuve separada me dieron la oportunidad de dedicarme a mí misma, me teñí el cabello, bajé unos cuantos kilos extra y a mis 37 años, al fin pude verme al espejo y sentir orgullo de lo que reflejaba. En la calle y la oficina el cambio fue notable, amabilidades, miradas descaradas, propuestas…

Pero no era mi naturaleza ser mujerzuela, así que me mantuve en abstinencia por seis meses mientras superaba el duelo de la separación. A los justos seis meses conocí a un hombre mayor, 18 años mayor que yo, medico, experimentado, con poco atractivo físico, pero muy bueno para hacerme sentir la mujer más bella y deseable del mundo. Además hizo gala de ser buen conversador y muy divertido.

Comenzamos a salir y las primeras dos citas fueron de café y muchas bromas, comentarios relacionados con el trabajo y cosas sin importancia. La tercera vez fue distinta, salimos a tomar una copa, yo no acostumbro tomar, así que pronto comencé a sentir que mi lengua estaba pesada y mis inhibiciones comenzaban a ceder paso a la larga espera que sufría mi cuerpo hace meses. Aquel hombre robusto me pareció alguien muy deseable para mitigar el frió de aquellas noches de invierno y sin darme cuenta estaba permitiendo que sus manos acariciaran mis muslos mientras charlábamos.

No paso mucho tiempo antes de que mi mareo evidente le diera pie a invitarme a abandonar el lugar e irnos a un lugar donde podamos sentirnos mas tranquilos, me subí a su coche y sin pedir permiso posó su mano derecha sobre mi pierna descubierta mientras enfilábamos con rumbo desconocido para mi, aunque lo sospechaba, pero no quería preguntar, ni me importaba, mas bien lo deseaba.

Llegamos a un auto hotel elegante, con un hermoso sofá de dos plazas y una cama inmensa, me encantó el gran espejo que cubría la pared y sin pensarlo me puse a admirar mis formas frente a él a ritmo de la música que sonaba en el cuarto. Mis movimientos eran sugerentes, pero como si no fueran dirigidos a él, yo me deleitaba con mi imagen sensual mientras le sentía acercarse y después posar sus dos manos en mis pechos que inmediatamente respondieron al estimulo sensual.

El se puso a bailar conmigo con mi espalda contra su pecho sin dejar de acariciar mi cuerpo con una lujuria calma que me enloquecía, poco a poco iba deseando que me arrancara las ropas y el solo se limitaba a disfrutar cada centímetro de mi cuerpo con sus manos. Hasta que llego debajo de mi falda, el choque eléctrico al sentir su mano en mi monte aun cubierto con mi tanga, fue fabuloso, comencé a acariciar mis pechos mas salvajemente y a quitarle su ropa gritando en silencio con mis actos que ya me cogiera.

El me quito la blusa y el sostén, luego mientras me llenaba de placer disfrutando la humedad de mi sexo con sus dedos, me fue despojando de mi tanga, pero no quiso quitarme la falda, quizá le parecía excitante un poco de misterio. De pronto me dirigió al sofá y me tiro prácticamente hacia él de espaldas, me introdujo su verga poco a poco en mi panocha hirviente y deseosa, yo inclinada y el admirando mis nalgas en esa posición tan excitante, tan entregada y sumisa, tomó fuertemente mis caderas y embistió de pronto con fuerza, una y otra vez. Sentía llegar su polla al fondo de mis entrañas produciéndome un placer jamás experimentado, su fuerza me hacia gritar vergonzosamente fuerte, de pronto me sentí una puta barata cuando me descubrí gritandole que me diera mas duro, "asi, asi, mmmmmm, siiiiiiiiiiiiiiiii, mas duro, mas duro…………… esooooo….mmmmmahhh hhhhhhhhhhhhggggg.

Pronto me di cuenta que ese hombre mayor, no solo tenia mucha experiencia y gran potencia, sino que además tenia la capacidad de detener su eyaculación el tiempo que quisiera prácticamente. Tuve un grandioso orgasmo que celebré con gritos vulgares y gemidos de hembra satisfecha, sentí que ya estaba exhausta y mi concha palpitaba de placer y las embestidas solo disminuyan de potencia, pero no paraban, en una alternancia deliciosa de cogidas suaves y rica fricción con brutales golpes de polla en mi interior que me arrancaban alaridos y estremecimientos de lujuria. Pronto tuve que decirle que ya no aguantaba más. Pero el no acababa, así que me besó salvajemente, me llevó a la cama y disfruto mis pezones como si fuera un lactante hambriento, tal era la destreza del señor que comencé a desear de nuevo que me cogiera de la misma forma.

Me abalancé a su polla erecta y comencé a mamar con placer, sentía mi sabor y me excitaba aun mas, recordé los instantes anteriores cuando me estaba destrozando con su miembro experto, y percibí que ya estaba follándole prácticamente con mi boca, sus gemidos eran de locura, me había olvidado completamente de toda mi vida y no pensaba mas que en ese instante y lo increíble de esa experiencia jamás sentida.

Me levanto y me sentó sobre el, me ensartó en su garrote y me empujó hacia atrás lo que hizo que la penetración fuera tan profunda que me hizo gritar de nuevo, los deseos fueron irrefrenables, comencé a brincar prácticamente sobre él disfrutando esa sensación salvaje de coger como puta, sin vergüenzas ni temores, gimiendo y gritando todo mi placer.

Entonces se puso sobre mi, el hombre me tenia exhausta, pero el no podía acabar y cuando se agotaba, descansaba jugueteando mi concha con sus dedos o con su lengua, jamás me desatendió un solo instante, simplemente no había conocido a alguien con esa capacidad. Levanto mis piernas sobre sus hombros y me penetro nuevamente, los movimientos vigorosos hicieron que su miembro salga de mi interior en varias ocasiones, no se exactamente cuantas, no estaba en condiciones de contabilizar esas pequeñeces, pero en una de esas ocasiones, el regreso fue por otro agujero, nuestros sexos estaban tan a tope y lubricados por mis corridas, que fácilmente, aunque con cuidado, me penetró el ano, tuve miedo, si, era la primera vez, pero lo deseaba mucho, o en realidad no me importaba, solo estaba drogada de lujuria, así que le ayude a hacer, y tras un breve dolor y ardor, con su pericia en esas artes y mi disponibilidad, en unos minutos me estaba cogiendo el culo con tanta fuerza como un rato antes lo había hecho con mi concha, los gritos entonces fueron mas intensos, el placer fue simplemente indescriptible, su polla entraba y salía de mi ano con facilidad, me enloquecían sus gemidos y por fin lo sentí venirse, sus gemidos se convirtieron en berridos de bestia, AHHHHHHHHHHH,,, YAAAAAAAAAA, MI VIDA, YAAAAAAAAAAA, QUE RICOOOOOO OOOOOOOOO, YAAAAAAA AAAAAAAAAAAA , AHHHHHHHHHH HHHHHHHHHHH

Mis gritos se confundieron con los suyos, su orgasmo me provocó uno más a mí y de la manera mas dramática, sintonizada y fabulosamente intensa, acabamos corriéndonos mientras mi culo había sido estrenado por aquel hombre, que por su edad, bien podría ser mi padre.


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